miércoles, 1 de octubre de 2008

El primer post

No sé cuánta literatura he leído o cine he visto que me ha hablado de New York. Realmente no lo sé. TODO el mundo sabe algo de New York. El que no ha visto algo de Woody Allen, tiene alguna temporada de Friends por su casa o ha leído a Paul Auster.

Es inevitable.

Seamos polacos, turcos, massais o escoceses, New York siempre ha estado ahí para nosotros. Mi esposa y yo llevábamos un par de años pensando en ir, pero un embarazo, el trabajo o simplemente las vacaciones no coincidentes de ambos, nos impidieron cruzar el charco. Este año fue diferente. Se me cruzaron los cables y así se lo hice saber:

-Loli, se me han cruzado los cables.
-Oh, me alegro... ¿y que se siente?
-No sé, pero nos vamos a New York.
-Pues vale, termino con este cocido y nos ponemos con el viaje.
-Si eso, échale una mijita de sal.
-¿Al viaje?
-No, al cocido.

Y ahí empezó todo. Edreams, New York Habitat y en tres semanas ya teníamos todo resuelto. Volábamos con KLM y nos alojaríamos en un piso en el Upper West Side con la dueña. En la 73th con Columbus para ser más exactos, justo en la esquina del Dakota.

Así las cosas y hecho un flan, la mañana del 22 de agosto de 2008 acompañé a mi esposa a la Terminal 4, en la que ella tomaría un vuelo rumbo a la ciudad de los rascacielos. Allí me confirmó, algo que yo ya suponía y era que viajaba con ella y que no iba a quedarme atrás a pesar de que el día antes, un fatídico accidente de un avión de Spanair había estado en boca de todos y ningún medio de comunicación había omitido detalles escabrosos al respecto.

Entonces, al subir, tuve una pequeña charla con el piloto tras la cual, la tripulación me facilitó el uso para mí solo, de uno de los servicios de la aeronave durante el despegue, además de recibir instrucciones de no molestarme durante las dos horas y algo que duraba el vuelo hasta Amsterdam. También se me suministró un par de rollos extra de papel higiénico y en ningún momento se intentó requisar el sobre de marihuana que llevaba conmigo y cuyo peso había sido pensado para mantenerme anestesiado en un vuelo a Australia. Sin contratiempos y eufórico, aterrizamos en Schiphol, KLM genial, la tripulación majísima y bastante puntuales. A las dos horas y media embarcamos de nuevo, esta vez para cruzar definitivamente el océano rumbo a New York. Ya estaba más relajado y dispuesto a disfrutar del viaje, así que decidí darle el resto de la "yerba" a uno que estaba detrás y que lamentablemente la mezcló con ginebra. Decisión esta, un tanto desafortunada. Se pasó el resto del viaje gritando obscenidades sobre los taxis en Massachusetts y quejándose del pan integral en New Orleans. Aún así el vuelo fue muy agradable.

Y llegamos a nuestro destino. New York.

Y ahora pregunto ¿qué puedo decir? ¿Qué puedo decir que no hayáis pensado vosotros cuando desde la ventanilla del avión vieron lo que vieron? Porque si en realidad, lo primero que ví fueron playas y lanchas a toda ostia, no hay duda alguna de que la sensación de sobrevolar por primera vez el espacio aéreo estadounidense con las implicaciones emocionales que acarrea el hecho en sí, era suficiente para descolocarme.

Pero no os aburro más y concluyo mi vuelo (que no mi relato) diciendo que finalmente aterrizamos. Recuerdo que pensé "estoy en el JFK. Hay que joderse". Mi mujer también debió de pensar lo mismo pues así me lo hizo saber:

-Tío que estamos en el JFK.
-¿Y eso que es?
-El nombre del aeropuerto, ostias!
-Ah leches, sí... el JFK...

Es que soy de un distraído...

Pasamos el control de aduana que, en nuestro caso, fue supervisado por Michael Clark Duncan... o su hermano gemelo. Hicimos uso de nuestros "fingers", miramos a la cámara y pasamos el control. ¡Ahora sí estábamos en New York! Y fue en ese momento, en el que me dirigía al mostrador para rentar un Shuttle, cuando me percaté de que AL FIN, estaba en New York. Y quizá fue en ese instante cuando decidí que probablemente acabase escribiendo un blog sobre el asunto. Más que nada por matemática pura y dura, ya que si en unos escasos 5 minutos habían pasado por mi cabeza a velocidad de 20 megas de Jazztel, todo tipo de imágenes, sensaciones y pensamientos varios... ¿que no experimentaría en los próximos 10 días?

La ciudad no es que me sorprendiera o me dejara de sorprender, o que no me defraudara o me desbordara. De lo que se trata es que la ciudad me atrapó. No en cuerpo, que sí en espíritu. Juro que disfruté cada segundo vivido allí, sonreí y agradecí las muestras de educación, solidaridad y humanidad de que los neoyorkinos hicieron gala. Toqué piedras de edificios centenarios, tomé el sol en Central Park, compré algo de Conan en Midtown Comics, nos subimos al Top, visité el Bronx y fui a un teatro en Broadway. Hicimos varias cosas... ¡vive Dios que sí! pero nunca, NUNCA estimados lectores, perdí de vista lo principal y la piedra angular de la Big Mad City.

Su gente.

Ni la mejor, ni la peor del mundo. Sencillamente SU gente. Gente como tú o como yo. Gente que se levanta temprano para ganarse el pan nuestro de cada día. Gente que vemos en las series y las pelis. Gente que hace grande una ciudad. Una ciudad que nos encanta y cuya filosofía y espíritu espero reflejar en este humilde blog de un viajero anonadado.

Pasen y vean señoras y señores, y si se tercia... ¡Enjoy it!

1 comentario:

Anónimo dijo...

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